6 de julio de 2012

No pierdas la esperanza.


Dicen que estás borde, cambiada, desganada, amargada. No se paran a pensar que, simplemente, estás mal.  Que simplemente has dejado de tener ganas, esperanza, que ya no te queda alegría. Tus amigas te cuentan lo que les pasa, haciendo una montaña de un granito de arena, te preguntas si te está pasando lo mismo. Te preguntas si en el fondo no es tan grave lo que te pasa. No obtienes respuesta. 

Ya nada es lo que era. En ningún sentido. Las sonrisas han pasado a ser  lágrimas tímidas esperando ser derrochadas en una almohada. El amor, por repartirlo, no ha quedado para ti y terminó por convertirse en  odio. Las ganas de cambiar el mundo han sido sustituidas por pesadillas noche tras noche. Te sumerges en la vida de otros, de películas y aprovechas cualquier momento para reirte y creerte que estás bien. Es solo eso: Una creencia, una opinión, una esperanza. Piensas y los bajones vuelven con más fuerza que nunca.  Todo te empieza a superar.

Te encuentras sola, en el mismo sitio donde comenzaron las inseguridades, los miedos, las heridas incurables... Escribes con el dulce piar de los pájaros como música de fondo. Te encantaría poder seguir con un "qué calma da este momento", pero te atormenta. Sabes que si todo eso no pasase aquel odioso día, no serías así. Aunque no te voy a engañar, ese no es el motivo principal, tus tonterías y tú tenéis bastante culpa. Sola, ¡qué palabra tan corta y cuanto agoniza! 

¿No se dan cuenta o se creen, sinceramente, que todo va bien? Sea lo que sea te da la sensación de que nadie te conoce lo suficiente como para saber que el brillo de tus ojos es por las lágrimas que esperan ser derrochadas cuando se vayan, cuando estés sola, no por una felicidad inexistente en ti.


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